martes, 13 de noviembre de 2007

Terminado, completo y acabado

Uno de los pasajes notables que contiene ese notable diálogo, la Athrabeth Finrod ah Andreth (en El Anillo de Morgoth, págs. 345-418), es la visión de Arda Rehecha que describe Finrod:

Y entonces, de pronto, contemplé como en una visión Arda Rehecha; y allí los Eldar completos pero no acabados podían morar en el presente para siempre, y allí caminaban, quizá, con los Hijos de los Hombres, sus liberadores, y les entonaban cantos que, aun en la Beatitud más allá de la beatitud, hacían que los valles verdes sonaran y las cumbres de las montañas eternas vibraran como arpas.

La última imagen recuerda a la última frase de "Hoja", de Niggle: "Se rieron. Se rieron, y las Montañas resonaron con su risa"; pero ahora quería referirme a una expresión anterior que también, indefectiblemente, trae a la memoria aquel cuento, escrito aparentemente unos 20 años antes que el diálogo.

¿Qué significa "los Eldar completos pero no acabados"? No es difícil deducirlo de su contexto: en conversación con Andreth, Finrod Felagund utiliza "completo" (complete, también en pág. 364) para referirse al estado futuro de la Creación, cuando pueda contemplarse desde fuera del Tiempo la obra perfecta (véase la especulación sobre Arda Completa en págs. 290-1, donde la traducción da sin embargo "Arda Terminada").

Cuando dice "acabados" (ended), sin embargo, Finrod está pensando en el fin absoluto que aparentemente espera a la existencia élfica, idea repugnante sobre la que Tolkien volvió varias veces: la angustia élfica consiste en creer que el fin de Eä, por lejano que parezca, puede traerles la aniquilación de alma y cuerpo, pensamiento insoportable. "Nuestro cazador camina lentamente, pero nunca pierde el rastro. Más allá del día en que suene el toque de muerte no tenemos certezas o conocimiento. Y a nosotros nadie nos habla de esperanza" (357) [1]. Por eso la visión que tiene Finrod de los Elfos "no acabados" después del Fin es tan poderosa.

Pero éste es ante todo un blog lingüístico, así que dejemos a los Elfos con sus penas. Al mencionar a Niggle, por supuesto, estaba pensando en aquella angustia por no poder terminar el cuadro: finish, finish, finish se repite como un martilleo en su conciencia, y cuando llega el momento de partir leemos:

"Eso es", dijo el Inspector. "Tiene que marcharse. Mal comienzo para un viaje dejar las cosas sin terminar [undone]. Pero, en fin, al menos ahora podremos dar alguna utilidad a este lienzo."

"¡Dios mío!", dijo el pobre Niggle, echándose a llorar. "Ni siquiera está terminado [finished]."

"¿No lo ha acabado [finished]?", dijo el Chófer. "Bueno, de cualquier forma, y por lo que a usted respecta, ya está todo hecho [finished with]. ¡Vámonos!".

En el Asilo aprende: "Terminaba sus trabajillos con todo primor". Y en Niggle's Parish se encuentra con el Árbol completo:

Ante él se encontraba el Árbol, su Árbol, ya terminado [finished], si tal cosa puede afirmarse de un Árbol que está vivo, cuyas hojas nacen y cuyas ramas crecen y se mecen en aquel aire que Niggle tantas veces había imaginado y que tantas veces había intentado en vano captar.

[...]

El Árbol estaba completo [finished], aunque no terminado [finished with]. ("Justo todo lo contrario de lo que antes ocurría", pensó). Pero en el Bosque había unas cuantas parcelas por concluir, que todavía necesitaban ideas y trabajo. Ya no era necesario hacer modificaciones, todo estaba bien, pero había que proseguir hasta lograr el toque definitivo.

Durante mucho tiempo, leyendo sólo la obra en castellano, me pregunté qué quería decir exactamente eso de "completo, pero no terminado". Evidentemente se jugaba con la completitud de una obra: un árbol real siempre está "completo" porque tiene todo lo que necesita para ser un árbol, aunque de hecho siga creciendo. Y en Niggle's Parish no estaba "terminado" por cuanto todavía se podía hacer mucho por él y su entorno. Adivinaba también que "lo que antes ocurría" se refería al diálogo con el Chófer, aunque las palabras en castellano eran de hecho contradictorias: Niggle había dicho "Ni siquiera está terminado". Entonces, según la versión en nuestro idioma, ¿en ninguno de los dos casos estaba "terminado"?

Varias personas con las que hablé del tema coincidían en la inquietud, que surge sólo de la falta de precisión en la traducción. El original es mucho más explicito, y no tiene contradicciones. El día de la partida, el cuadro no estaba finished, pero sí finished with, que significa precisamente eso: Niggle ya no podría seguir trabajando en él. En Niggle's Parish está finished, pero no finished with. La cuentas cierran, los términos están efectivamente invertidos.

Poniendo la Athrabeth y Niggle una junto al otro, yo no podría jurar que las parejas de expresiones sean equivalentes. Por empezar, las palabras usadas son distintas, complete/ended vs. finished/finished with. En el diálogo el que está completo y/o acabado es el mismo que habla, la criatura élfica preocupada por su propio destino; en el cuento, se trata de la obra considerada desde el punto de vista del artista. Tampoco hay una contraposición, hablando de los Elfos, entre un supuesto ahora ended but not complete y un probable futuro complete but not ended.

Para equiparar las dos situaciones habría que considerar a los Elfos como obra de Eru y desde Su punto de vista; o en todo caso al Árbol como ser pensante que reflexiona sobre sí mismo. Pero la traslación destruiría la posibilidad de comparar, porque ended siempre se referirá al fin de la existencia, y finished with al proceso de trabajo. Sólo complete/finished mantendrían una cierta correspondencia.

Y sin embargo hay al menos un nivel en que las dos formulaciones están relacionadas. En las dos parejas de expresiones tenemos palabras similares que podrían significar lo mismo y no lo hacen, ni por derecho propio ni en su contexto: cuando Finrod dice complete but not ended debemos hacer una pausa mental para comprender la diferencia. Lo mismo sucede (dos veces) en Niggle. De todos estos términos, finished sería quizás el más ambiguo, porque en otros entornos podría ser sinónimo de cualquiera de los demás. Pero cuando les llegue su propio Chófer, íre ilqa yéva nótina, hostainiéva, yallume [2], también las palabras deberán rendir cuentas de su significación.

Podemos ilustrar esto con un ejemplo sencillo e inmediato. El que estoy terminando ha sido un artículo caótico, y no estoy seguro de haber demostrado que la primera mitad tenga algo que ver con la segunda. Hubiese necesitado alguna argumentación fuerte, alguna cita concluyente, o un poco de sentido común al menos, cosas todas que ya no llegarán. El post está finished... ¿en qué sentido? No ended, porque no pasa de la existencia a la no existencia sino todo lo contrario. Tampoco está complete, por las razones antedichas. Pero seguramente está finished with, porque éstos son los últimos verbos que yo le escribo.

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[1] Ése es el lado negativo del profundo amor por Arda que caracteriza a los Elfos. Por poner un caso: en cierto fragmento filosófico titulado "Elvish time", publicado por Verlyn Flieger en A Question of Time (Kent 1997) págs. 69-70, Tolkien dejaba caer en medio de una discusión medianamente lingüística (íntimamente relacionada con la relación adelante-atrás vs. antes-después que mencionaba Fiondil hace un tiempo en De espaldas al futuro) lo siguiente: "En el sentimiento élfico el futuro no implicaba esperanza o deseo, sino decadencia y retroceso desde la beatitud y el poder pretéritos [...] Su posición, según el sentimiento en días posteriores, era la de exiliados llevados hacia adelante (contra su voluntad) que, mental o físicamente, estaban siempre mirando hacia atrás".

[2] "cuando todo se cuente, y todo se numere al fin" (CP:87).

lunes, 12 de noviembre de 2007

La divisa punzó

Leyendo las Memorias Póstumas del General Paz (tan apasionantes como iluminadoras para el estudioso de la Historia Argentina), he tenido ocasión de reflexionar sobre la expresión divisa punzó, que marcó una época en nuestra historia, y gravitó durante muchas décadas como conjuro de pasiones encontradas. Aunque el término es prácticamente desconocido en el resto de los países de habla hispana, todos los argentinos saben[1] que punzó es el color rojo encendido que los federales adoptaron para distinguirse de los unitarios.

Manuelita Rosas de riguroso punzó

¿De dónde proviene este punzó que ha quedado tan confinado a un lugar y una época?
Como sucede a menudo con los nombres de colores, la suerte de esta palabra ha de estar ligada al vaivén de la moda y las tinturas, y aunque no he sido capaz de realizar un rastreo en ese sentido, la pista filológica me sugiere un origen: los apetecidos géneros y telas franceses que desembarcaban en el puerto de Buenos Aires en las primeras décadas del siglo XIX (la presencia de punzó en el español de Cuba -el otro gran puerto del Atlántico- parece abonar esta teoría).
Porque rojo punzó, según me enseña Corominas, es la deformación de rouge ponceau, un matiz de rojo que hoy resulta oscuro también para los franceses, como puede comprobarse aquí. El texto de Balzac mencionado en este último enlace es de 1833. La divisa federal es de 1830. Otra mención aislada del color punzó se encuentra en la ley de creación de la bandera boliviana, que es de 1825. Estamos siempre en un ese momento apenas posterior a la independencia de los países americanos. En italiano la encuentro en la Cenerentola de Gioacchino Rossini de 1817:

Don Magnifico, sia pure a fatica, resiste. Allora i Cavalieri gli fanno indossare un mantello color ponsò con ricami in argento di grappoli d’uva.
El comentador italiano del texto se ve precisado a explicar que ponsò es un color rojo intenso, demostrando así que la palabra ha muerto también en la tierra de bel canto.
amapola, lindísima amapola

Lo curioso es que la etimología de ponceau nos lleva de las amapolas a los pavos reales. Parece que ponceau es un término del siglo XVII derivado de poncel (que data del siglo XII) . Poncel era uno de los nombres de la amapola, y a su vez derivaba de paon (pavón), el nombre del pavo real, al parecer por comparación de la flor con el plumaje de esa ave (que no ha de ser comparación de color, ya que el plumaje del pavón es verde azulado, sino de forma, siempre que ambas presentan forma de ojo).

Estamos situados antes de la llegada del Mayflower a Massachusetts y el descubrimiento del pavo americano. Hasta ese momento, el único pavo que se conocía en Europa era el que hoy denominamos pavo real, ave asiática y colorida.


Llegado a este punto, creo haber hecho un descubrimiento notable para la Historia Argentina, algo que nadie vio antes, y que podría conmover los fundamentos de la historiografía si no fuera porque se trata de una simple curiosidad etimológica completamente intrascendente.
montonero federal

El hecho es que el famoso color punzó de los temibles montoneros federales, cuya sola mención ponía pesadumbre en el corazón de sus rivales, conoció su ocaso al extinguirse el último caudillo. ¿Y cuando fue eso? Podemos elegir varias fechas, pero sin duda la última gran batalla en que un ejército vistió con orgullo la divisa punzó fue aquella en la que cayó definitivamente el general Urquiza, a la sazón presidente de la Confederación, quien -a pesar de haber vencido a Rosas- nunca renegó del colorado. Estoy hablando, por supuesto, de la batalla de Pavón. ¿Negarán usetedes que se trata de una coincidencia asombrosa? Así el punzó, descendiente de pavón, fue a morir a la tierra de sus mayores.
De este modo cantó Estanislao del Campo la ocasión:

Los porteños y extranjeros,
Que para vestir sus tropas
Por poco no les dan ropas
De terciopelo y tisú,
¿No reirán como unos locos
al ver esa mascarada
bonetuda y colorada
por la calle de Perú?

En fin, Señor Presidente,
No se aflija, Vuecelencia;
Sobrelleve con paciencia
Este inesperado mal.
Y consuélese pensando
Que en el mundo todo acaba,
Y que al fin ya le tardaba
Al partido federal.
Gauchos surcando la pampa, telas francesas, amapolas y pavos reales... Para completar este heterogéneo catálogo, mencionaré que el ponceau sobrevive hoy -gracias a la clasificación de tinturas del químico David Masson- en el especializado submundo de la Histotecnología.
estructura molecular del Ponceau 2R

Su uso, por si a algún lector le es de utilidad, está por lo general confinado a la tricrómica de Massons, donde otorga un leve tono naranja al rojo de las estructuras citoplasmáticas. Lo digo sin estar muy seguro de entenderlo: he ahí la razón de que mi rostro se haya encendido asumiendo un tono punzó.


[1] En realidad, no me atrevería a llevar a cabo una encuesta

sábado, 10 de noviembre de 2007

La sobreasada

Otro artículo de Casares, ahora sobre los peligros de la etimología popular:

SOBREASADA

Sabido es que los estudios filológicos constituyen un valiosísimo auxiliar de las demás ciencias antropológicas, y que, a veces, un sencillo hecho lingüístico puede corroborar o echar por tierra teorías de carácter histórico, etnográfico, psicológico, etc. Lo que hasta ahora no se había demostrado, que yo sepa, es cómo una hipótesis etimológica puede tener consecuencias culinarias. Y de esto vamos a hablar hoy.

Aquellos de mis lectores que, como yo, practiquen en materia de embutidos nacionales un bien entendido eclecticismo; es decir, que, sin conceder hegemonía, pongo por caso, a la butifarra catalana, la honren a par del chorizo riojano, del embuchado pamplonés o de la morcilla andaluza, habrán reservado, sin duda, a la sobreasada de Mallorca el decoroso lugar que le corresponde en la jerarquía gastronómica. Pues bien; hace pocos días, un erudito amigo que me honraba compartiendo mi mesa, y a quien recomendaba particularmente unas rodajas de esta "llangonissa" recién llegada de la patria del actual ilustrísimo director de la Real Academia Española, me sorprendió con esta pregunta:

-¿A que no sabe usted cómo debe comerse esta vianda para que rinda el máximum de suculencia?

-¿...?

-Pues dos veces asada, como su mismo nombre indica. Y por cierto que la noticia no debiera coger de nuevas a una persona habituada a manejar los diccionarios académicos.

Y el diálogo quedó cortado en este punto, no sin que mi erudito declarase que también él, como todo el mundo, había comido siempre la sobreasada sin asar.

Excuso decir que en cuanto se me deparó ocasión de consultar las primeras ediciones del léxico oficial busqué en ellas la palabra sobreasada, cuya definición, en efecto, dice así: "SOBREASADA. Llaman en Mallorca a un salchichón, que se guisa al tiempo de formarle; y para que esté más gustoso y comerle con más apetito se debe assar." Luego era cierto; luego la humanidad consumidora de embutidos llevaba casi dos siglos privada de un fácil y legítimo deleite por no atenerse al consejo académico.

Confieso que en seguida formé el propósito de adoptar el rito culinario ortodoxo, y creo que lo hubiera hecho a estas horas a no habérseme ocurrido continuar el examen de los diccionarios hasta las ediciones modernas. En ellas, ¡ay!, no se advierte ya al lector que "debe assar" el embuchado mallorquín "para que esté más gustoso y comerle con más apetito". ¿Qué significa esto? -me dije-. ¿Cómo interpretar la supresión de la receta? ¿Lo exigiría así, acaso, algún inmortal que estuvo a punto de dejar de serlo por haber ingerido la sobreasada... académicamente? Puesto ya en trance de dudar, pensé que, si la sobreasada se llama así porque se "sobreasa", y sobreasar, según la autoridad constituida, es "volver a poner a la lumbre lo que está asado o cocido para que se tueste", no bastaba con asar una vez el embuchado, ya que no es cierto que "se guisa al tiempo de formarle": había que cocerlo o asarlo primero para poder sobreasarlo después...

Evidentemente, los buenos académicos fundadores, a quienes tanta gratitud debe toda persona culta, padecieron en este caso una leve distracción, y en lugar de apoyarse en el exacto conocimiento de la cosa definida para inquirir luego el origen de su nombre, empezaron por admitir una falsa etimología, que aún perdura en el Diccionario, y ajustaron después a ella la definición de la cosa. Porque lo cierto es que el nombre sobreasada, deformación popular, por falso análisis, de sobresada o sobrasada, no tiene la menor relación con asar ni con sobreasar. El tal nombre, según mi modesta opinión, que trataré de razonar brevemente, procede del latín salpressare, compuesto de sal, salis (la sal) y pressare (prensar, apretar, comprimir).

El representante directo, en castellano, del compuesto latino es el verbo salpresar, registrado acertadamente en el Diccionario con la acepción de "aderezar con sal una cosa, apretándola para que se conserve". En portugués, el verbo correspondiente es salprezar, y de él deriva el sustantivo salprezo con que se designa "la carne curada con sal". En vista de esto, cabría preguntarse cómo en el mismo territorio romance que conservó sin alteración el sonido al, seguido de consonante (salpresar), pudo surgir el cambio de al en o ("sopresar", "sobresar", "sobresado", sobresada). El caso no tendría nada de extraordinario, puesto que, junto a "salto" (del latín saltus, salto, brinco), tenemos "soto" (de otro saltus latino, que significa "bosque"), "topo" (del latín talpa), etc.; pero así como en castellano el paso de al a o es posible en determinadas condiciones, aunque no constante, existen otros romances, como el francés, en que la vocalización de la l constituye el proceso normal. Lo mismo ocurre, salvo ligeras restricciones, en provenzal, lengua que es, por el momento, la más interesante para nosotros, ya que con ella se relaciona más que con otra alguna el dialecto hablado en Mallorca.

De manera que lo que en castellano hubiera sido salpresado, en provenzal no sólo pudo, sino que debió ser y fue saupressado, voz que, en efecto, aparece registrada en el Diccionario de Mistral, como nombre de "una especie de salchichón". De aquí debió irradiar el vocablo saupressada no sólo al catalán y a sus variantes (la forma sobressada figura en el Diccionario catalán de Labernia), sino también al italiano. En esta lengua la vocalización espontánea de la l (sobre todo ante p) no es admisible; por eso el nombre de soppressata que se aplica en dialecto veneciano a un embutido semejante a la mortadela, contribuye a robustecer la suposición del origen provenzal.

Y por si las razones que preceden y la existencia de las formas saupressado (provenzal), sobressada (catalán) y soppressata (italiano) no probasen con suficiente claridad la no intervención del verbo asar en la formación del vocablo que estudiamos, aun se puede alegar como argumento definitivo el hecho de que este verbo asar no existe en ninguno de los romances mediterráneos a que pertenecen las formas citadas. En estos romances la idea de asar está representada por los verbos raustir (prov.), rostir (cat.) y arrostire (italiano), procedentes del raustjan germánico.

A partir de la forma catalana (sobressada), la evolución del vocablo no es obra ya de las leyes fonéticas, sino de la etimología popular. El vulgo castellano creyó ver en las dos sílabas primeras la preposición sobre, e intercaló entre ellas y las siguientes una a para dar algún significado a lo que parecía ser el segundo componente de la palabra (sobre-a-sada). Y he aquí por dónde, de resultas de un error etimológico, estuvo a punto de ser cocida, asada y vuelta a asar una inocente "llangonissa", que, en realidad, se fabrica y se consume ordinariamente sin padecer el martirio del fuego.

(Julio Casares, Cosas del lenguaje, Austral, Madrid 1961 (1ª ed. 1943), págs. 39-43)

No sabría decir si la etimología es correcta o no*. A mí al menos me sirve. Porque me preocupa la posibilidad de que durante años los lectores del DRAE estuviesen expuestos a la influencia perniciosa de una distracción académica: ¡cuántas sobreasadas se habrán asado (¿y arruinado? sería cuestión de probar) siguiendo aquel consejo! No todos los lectores del Diccionario tendrían, como tuvo Casares, la curiosidad de hurgar en la palabra un origen y un sentido distintos de aquello que indica la apariencia. Quizás se suponga que no habrá espíritu tan simple que acate la instrucción contra lo que indican tanto el sentido común como la costumbre. Pero no es impensable: aquel chiste de Podeti bien puede representar a ese mismo tipo de espíritu simple en nuestro tiempo cibernético. Se habla por ahí de aquellos Hombres que sólo creían en aquellas verdades que podían hacerlos llorar; igualmente, yo tiendo a creer en este razonamiento etimológico por el sencillo hecho de que leyéndolo se me hizo agua la boca.

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* El DRAE online dice actualmente "(Etim. disc.)"; Casares volvió sobre la palabra en Introducción a la lexicografía moderna (1950).