lunes, 18 de julio de 2011

Refranes retraducidos

El traductor automático de Google, un servicio cuya continuidad parece estar en riesgo,  aborda la problemática de la traducción automática desde un punto de vista original. En lugar de basarse en reglas gramaticales, le confía la tarea a la estadística, traduciendo a partir de un enorme corpus disponible en varios idiomas que sirve de piedra Rosetta.
El resultado es interesante: por momentos parece tan bueno que uno sospecharía que hace trampa, y al momento siguiente se revela irremediablemente tonto. En general, es un gran paso adelante con respecto a servicios similares que he usado anteriormente. El hecho de que incluya rasgos de interfaz simpáticos, como la posibilidad de resaltar palabras, seleccionar equivalencias, y escuchar la pronunciación en varios idiomas, copiando y pegando textos en alfabetos extraños, hace que jugar un rato con él suela ser decididamente divertido. Yo le he dedicado unas horitas de una lúdica tarde, poniendo a prueba un género difícil de traducir: el de los refranes.

Como ejemplo de la excelente calidad que por momentos exhibe, dejo asentado éste:

Traducción del castellano al ingles 
Donde fueres, haz lo que vieres
When in Rome, do as the Romans do.
Pasar un proverbio de un idioma a otro, y de éste a un tercero, y del tercero a un cuarto... para volver al original es un pasatiempo tal vez algo infantil, pero estupendo. El siguiente hermoso dodecasílabo, sugerente título para un cuento, fue obtenido por la repetida trasmutación de un famoso refrán que ustedes reconocerán de inmediato:

Un palo, un cuchillo, un herrero en su casa.

rareza: un cuchillo de palo.

Pero muchas veces los resultados son más difíciles de adivinar. Observemos la transformación de sentido  -con una creciente fatalidad- que se va operando en este proverbio:

Castellano: Hombre precavido vale por dos. 
Al chino: Persona cuidadosa, no es traidor.
Del chino al thai: Tenga cuidado de no traicionar al pueblo.
Del thai al turco: Tenga en cuenta que ha traicionado al pueblo.


 Le propongo al lector curioso un juego. Intente deducir los refranes que se ocultan en las siguientes re-traducciones:

1. Pintado en un evento plano. 
2. Un estúpido, entonces, el sordo.
3. Nunca limpie la grasa de cerdo.
4. Producción, y poner en la cama la fama.
5. Usted se morirá de hambre si no hay pan.
6. Perros muertos, sólo ira.
7. Mejoremos las habilidades y la intensidad.
8. Aumento de la humedad, los niños van a la cama
Estos ejemplos implican un caótico recorrido por el mundo, pasando por  idiomas muy diferentes, como por ejemplo, del castellano al ruso, de éste al árabe, de allí al euskera, del euskera al chino... y de vuelta al castellano.
He aquí los refranes originales de la lista anterior:

1. A la ocasión la pintan calva.
2. A palabras necias oídos sordos.
3. Chancho limpio nunca engorda.
4. Cría fama y échate a dormir.
5. Cuando hay hambre no hay pan duro.
6. Muerto el perro se acabó la rabia.
7. Más vale maña que fuerza.
8. Quien con niños se acuesta, mojado se levanta.
El útlimo de estos refranes, volcado directamente al japonés, nos da: Los niños se van a al cama con el soporte húmedo. Lo que me deja pensando si no estaremos avanzando demasiado en la automatización y la robótica.

viernes, 1 de julio de 2011

Acertijo Etimológico en Imágenes

Curioso lector: Le proponemos el siguiente acertijo etimológico, un poco menos difícil que otros publicados en el pasado -esto último a pedido del frustrado e indignado público. 
¿En qué se parecen -etimológicamente hablando- las cuatro imagénes publicadas a continuación? Trate de resolverlo sin más auxilio que el de su propio cacumen. Si no lo logra, lea la ayudita que ponemos más abajo.





Ayudita: el personaje de dibujos animados que vemos arriba es -como todos habrán adivinado- el célebre Yogi Bear. Se dice que fue bautizado Yogi por alusión a un famoso beisbolista de la época, Yogi Berra. A Lawrence Berra le habían puesto el apodo de Yogi porque solía sentarse del modo que caracteriza a los yogis o practicantes de yoga. En la palabra yoga está el meollo del asunto [Fin de la ayuda].

Y ahora, la respuesta completa.
El sánscrito yoga significa "yugo". Proviene de la raiz indoeuropea identificada como *ieug, que ha subsistido en innumerables idiomas para designar siempre al mismo inmemorial instrumento de madera al que se uncen en yunta los animales de labor. El yoga es una disciplina espiritual con la cual el yogi intenta conjugar o uncir dos realidades, el Cielo con la Tierra, lo humano con lo divino.


Uncir viene, al igual que yugo y yunta, de la misma raíz latina -iung. El verbo latino iungere ("unir") nos llegó como uncir y su patricipio iunctus  como junto. De junto proviene juntar, conjunto, conjunción, conjugar y muchos otros parientes. Otro derivado de iungere es la preposición latina iuxta que nos llegó en términos como yuxtaponer.

De yugo tenemos subyugar, y también conyugal, con lo cual hemos dilucidado la inclusión de la foto de los flamantes cónyuges. Unir en matrimonio era para los romanos coniugare a un hombre y una mujer en un simbólico yugo, ambos trabajando en yunta hacia adelante.

Nos queda por despejar el sentido de la imagen de los caballeros medievales en lid. Están trabándose en una justa, palabra que nos viene del provenzal jostar, proveniente a su vez del latín vulgar juxtare ="acercarse, encontrarse", hecho a partir del ya mencionado iuxta.

Como última curiosidad, los animales se uncen por el cuello, y por eso se llamó a éste iugulum en latín. De allí nos viene la vena yugular que tanta simpatía despertaba al Conde Drácula.

jueves, 23 de junio de 2011

Piola

Estaba yo contemplando la campanilla cubierta de telarañas, pareciéndome que había transcurrido una eternidad  desde la última vez que un cliente la hiciera sonar, cuando de pronto un individuo de rostro desencajado irrumpió en la oficina. Tan abrupta fue su entrada que por poco la onda de choque me hace perder el delicado equilibrio con el que me columpiaba en la silla.

-Tengo una duda tremenda que no me deja dormir -exclamó sin más preámbulos-, y por eso vine aquí. Me han dicho que ustedes son piolas y que me podían apiolar. Al principio mis amigos me aconsejaron que me quedara piola, pero en vista de que la duda no ceja, pensé que sería piola venir a aclararla aquí. Confío en que sean ustedes profesionales de nivel, y no unos piolas.

-¿Así que su duda es con respecto a la palabra piola?- le espeté mientras me servía un vaso de Hesperidina.
-¿Cómo lo supo? -preguntó el sujeto, boquiabierto.
-Una corazonada. Usted se pregunta de dónde viene esa palabra, y por qué en la Argentina se la usa como usted lo ha hecho. No, no hay por qué avergonzarse: se sorprendería de la cantidad de gente que en cierto momento de su vida atraviesa crisis como la suya. Vuelva mañana a esta hora, y probablemente estaré en condiciones de librarlo de su obsesión.

El tipo se fue aliviado, pero a pesar de la respuesta optimista que le había dado, tenía yo mis reservas sobre las probabilidades de dar con el origen de la singular expresión. Piola tenía aspecto de lunfardo, o de algún habla de germanía más antigua, y las voces de germanía nacen a veces de caprichos imposibles de rastrear.
Por supuesto, existe un uso propio de piola como "cordel", palabra bien viva en el sur de la América Latina, sobre todo en su variante diminuta piolín. ¿Pero cómo se ha pasado del cordel a los diversos matices "astuto, desvergonzado, simpático, agradable, útil, tranquilo"? A primera vista (y a segunda también) no parece haber ninguna relación.

Al salir de la oficina en lugar de mi Buick encontré un caballo aparejado y una calle de tierra que se perdía en la pampa. Estoy ya acostumbrado a estas cosas, así que sin más ni más monté y rumbié para la casa de Corominas.

-Apéese nomás, aparcero -me saludó el acriollado catalán -¿Qué se le anda ofreciendo?
-Vengo rastreando el origen de piola, don Joan.
-Fíjese usté lo que son las cosas -me dijo-. Precisamente me estaba fijando en lo lindas que son sus espuelas chilenas de pihuelo largo.



-A la pieza en torno a la que giran las espuelas la han bautizado pihuelo porque las sujeta como la pihuela sujeta al halcón.
-¿La qué?
-Sé que la cetrería ya no está en tan en boga como en otras épocas, pero fíjese por ejemplo en este párrafo:

y, habiendo hecho esto, pornás tu halcón en parte escora donde no le den ocasión de debatirse ni a menearse mucho, y quítale la pihuela y caxcabel, y ponle en una tabla llana o almohada blanda.
Zúñiga y Sotomayor, Libro de cetrería de caza de azor, 1565
-Es decir, la correa con que se aseguran los pies de los azores y halcones, ¡ésa es la pihuela! En el castellano de Galicia, pihuela se transformó en piola, y se generalizó como cordel usado para maniatar y anudar.
De Galicia piola pasó al léxico marítimo, y aunque en la península ibérica quedó confinado a él, en Argentina, Chile, Perú y Ecuador bajó a tierra y se quedó para reemplazar a cordel.
-Muy interesante, pero eso no me aclara...
-Cállese que no terminé. Fíjese cómo por el origen de la palabra, siempre la piola está relacionada con atar y maniatar. Veamos algunos usos castizos de apiolar.


Para colgar las liebres y conejos, se les apiola, es decir, se les enlazan las patas de este modo: primero se desgarran los dos dedos laterales de una pata hasta la primera articulacion: luego en el dedo del medio se separa el tendon del hueso.
Tesoro del cazasor con escopeta y perro, o arte de buscar, perseguir y matar toda clase de caza menor, Madrid, 1865

-Ya el Fénix de los ingenios y Monstruo de la naturaleza, me refiero a Lope de Vega, había llamado la atención sobre el término:


Dice, pues, que llevando una liebre un rústico apiolada (así llama el castellano a aquella trabazón que hacen los pies asidos) después de muerta, le topó un caballero, que acaso por su gusto había salido al campo en un gentil caballo
Lope de Vega, Guzmán el bravo, 1623

-La misma palabra pihuela viene de *pea que dio también apea, palabra que el diccionario de la RAE define como
APEA: Soga de unos 80 cm de largo, con un palo en forma de muletilla a una punta y un ojal en la otra, que sirve para trabar o maniatar las caballerías
Toda la familia se remonta finalmente al latín pes-pedis, "pie". Y en el recado de su caballo tenemos varios descendientes: el pegual, el peal, y el susodicho pihuelo. El peal (pronunciado por los gauchos pial) es el lazo que se echa al caballo para derribarlo, como dice el Martín Fierro:
Todas las tierras son güenas:
vámosnós, amigo Cruz.
El que maneja las bolas,
el que sabe echar un pial,
o sentarse en un bagual
sin miedo de que lo baje,
entre los mesmos salvajes
no puede pasarlo mal.

Hernández, José, EL gaucho Martín Fierro, 1872
Me despedí del dotor Corominas sintiéndome más sabio en general pero casi igual de ignorante en cuanto al piola que a mí me interesaba. Sin embargo, había obtenido suficiente material para elaborar al menos una teoría, teniendo el cuenta el siguiente dato: el uso de piola que desvelaba a mi paciente es el que tiene en Argentina y Chile, y también son estos dos países los que comparten los términos mencionados del recado de los caballos.
Y en Chile, al parecer, "piola" significa casi exclusivamente "tranquilo, quieto", como en quedarse piola = "quedarse en el molde, no reaccionar". Hay por lo tanto razones para sospechar que ése es el sentido primario, y de él se pasó en el Río de la Plata a otros como "afable, simpático, astuto", y finalmente "desvergonzado".

-Muy bien, amigo -le dije al sujeto cuando, tan sin anunciarse como la primera vez, apareció al día siguiente en mi rancho-. Las cosas están ansí: tradicionalmente la piola se ha usado para sujetar animales, de manera que quedarse piola ha de venir de quedarse apiolado, es decir, contenerse, sujetar los impulsos que nos llevarían a reaccionar. Esa rara virtú del autodominio llevaría a nuevos usos de la expresión, unos positivos y otros negativos.
-Gracias -dijo aliviado-. Me ha liberado de esta incertidumbre que me maniataba. Mi vida se había vuelto un despiole.
-De nada. La próxima vez toque la campanilla.
-¡Me cansé de hacerlo!
Entonces alcé los ojos y descubrí la razón de este largo silencio hurgapalabras: la piola de la campanilla se había roto.