lunes, 2 de marzo de 2009

Paila

Yaaaaawn! [bostezo de Bungo desperezándose].
¡Hola, amigos hurgadores! Aquí estamos de vuelta de unas largas vacaciones. En realidad, además de atender a nuestras respectivas vidas, los integrantes de este blog hemos estado atareados durante estos meses de ausencia digital dándole forma y contenido a un proyecto web que muy pronto anunciaremos.

Mientras tanto, dedicaré este artículo a una palabra que encontré leyendo la novela Myriam la conspiradora, de Hugo Wast -un autor argentino cuya curiosa suerte fue la de ser tan famoso y leído en vida como relegado al olvido inmediatamente después.

La palabra en cuestión es paila. La hallé en medio de mi lectura, y aunque el contexto me decía que se trataba de algún implemento de cocina usado por la gente de campo en el Virreinato del Río de la Plata, no me parecía haberla visto antes, ni se me ocurrían pistas etimológicas que pudieran echar luz sobre su significado concreto. ¿Provendría de alguna lengua autóctona como el quichua, el mapuche, o el guaraní, que nos han dado abundantes sustantivos comunes de la vida cotidiana?

No. Era, una vez más, una palabra de rancia estirpe latina. Y al tirar de la soguita, aparecieron un montón de inesperados parientes. Lo curioso es que pailaestá bien viva en toda América, y el hecho de que una persona como yo, más o menos atenta a las palabras, la ignore, nos recuerda que los temas relacionados con el vocabulario son complejos, y no pueden sacarse conclusiones apresuradas a partir de la experiencia de un solo hablante.

Comencemos diciendo que la paila es una vasija grande de metal, redonda y poco profunda. En el centro y norte argentino parece especializarse como "vasija de cobre macizo para cocer dulces caseros, en especial arrope, y hacer hervir mostos para concentrarlos". En el resto de la América hispana parece tener un significado similar. Un hombrecito llamado Google me avisa que hay un restaurant llamado "La paila de la abuela" en Colombia, una empresa de dulces artesanales de nombre "La paila de Crimilda" en Córdoba, y un largo etcétera de pailas.

En España (al menos en Andalucía) paila se usó antiguamente como "hogar con horno de parrilla y caldera grande donde se calienta el agua en los molinos aceiteros", lo cual lo convierte en un cacharro bastante más grande. De buen tamaño debía ser el que refiere Ricardo Palma en una de sus Tradiciones Peruanas, ya que un hombre cabía en él:

Después de media hora de suplicio, Pantaleón estaba casi exánime. La condesa hizo suspender el castigo y volvió a interrogarlo. La víctima no retrocedió en su negativa: y más irritada que antes, la condesa lo amenazó con hacerlo arrojar en una paila de miel hirviendo.
("Crónica de la época del Virrey arzobispo").


Me informa Corominas que el vocablo se anticuó en España, pues lo suprimió la Academia en 1791. En 1884 fue readmitido por reclamo de lexicógrafos americanos. Parece ser que paila había sido tomado del francés antiguo paele, (hoy poêle, "sartén"), que proviene del latín patella, "vasija para cocer, empleada también para fines litúrgicos", que dio por vía directa en español padilla, (que es entonces un duplicado autóctono de paila). Y padilla derivó en el valenciano paella, ese archifamoso plato de arroz hecho en una gran sartén de poca profundidad.


El latín patella era ya un diminutivo de patina, "fuente, cacerola", una palabra que tuvo una derivación curiosa como "capa que forma la humedad sobre los objetos de bronce". Dos variantes latinas de patina eran patera y patena. La primera palabra se sigue usando en arqueología, y la segunda en el vocabulario de la Iglesia, para referirse al plato que cubre el cáliz y sirve para sostener la hostia durante el ritual eucarístico.



En el italiano actual , sartén se dice padella, y en inglés, pan, que es probablemente hija del latín medieval patna = patina. La palabra tuvo otra metamorfosis interesante en la lengua de Shakespeare: se transformó en paddle, la palabra para designar instrumentos con forma de sartén, como las paletas, los remos, y las palmetas (de sacudir ropa y castigar alumnos revoltosos).


¡Todo eso había escondido en paila, y yo no lo había visto! Tampoco lo sabrán las cariñosas abuelas que cocinarán a estas horas algún aromático dulce en aldeas perdidas de nuestra tierra, repitiendo rituales y pronunciando palabras que atraviesan la historia y los continentes.

5 comentarios:

  1. Bienvenidos de regreso! Una palabra muy interesante! De verdad es muy frecuente aquí en el norte argentino, sobretodo en letras folklóricas. Un abrazo!

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  2. bienvenidos de vuelta :) la web no es la misma sin ustedes

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  3. Se les extrañaba mucho, me alegraron la tarde. Bienvenidos de vuelta a su casa :).

    Sorprendente lo de paddle y de pátina. En Chile es un término muuuuuy usual. Es tanto la olla redonda de cobre que venden los gitanos como el gran caldero de unos 100 L que usamos en Chiloé para freír la carne de chancho en los reitimientos (< derretimientos). Hay dos expresiones chilenas que la usan, la primera es "orejas de paila", de significado obvio, y la segunnda es "irse a las pailas" que es "malograrse" como en "el negocio se fue a las pailas". Cierto profesor dice que esta última vendría del mapudungun, de un supuesto término relacionado con espalda (lo que es falso, pero largo de explicar), cuando es claro que se refiere a irse a las pailas del infierno o tal vez solo a freírse.

    Queda la duda con pailón, creo que no proviene de ahí, pero tal vez ustedes puedan hurgar.

    Saludos cordiales.

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  4. Muy linda publicación !!. Saludos desde la Paila de Crimilda en Colonia Caroya, Córdoba, Argentina. No es una empresa, solo un emprendimiento familiar de mermeladas y encurtidos artesanales. Naturalmente, donde "la paila" está presente en el 90% de los trabajos. Crimilda el nombre de mi madre, que fue tomado por mi nono de la obra de teatro Los Nibelungos.
    Ruben

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